Hace algunos años, la conversación en torno al mercado laboral de la ciberseguridad giraba principalmente alrededor de la escasez de profesionales. Sin embargo, a medida que las organizaciones incorporan nuevas tecnologías y enfrentan amenazas cada vez más sofisticadas, el desafío comienza a ser otro: contar con los conocimientos específicos necesarios para proteger entornos cada vez más complejos.
Los estudios recientes reflejan este cambio de prioridades. Según el reporte 2026 Cybersecurity Workforce Research Report, elaborado por SANS Institute y GIAC, el 60% de las organizaciones considera que la falta de habilidades es actualmente un problema mayor que la falta de personal.
Una tendencia similar aparece en el informe global 2025 ISC2 Cybersecurity Workforce Study, basado en las respuestas de más de 16.000 profesionales de todo el mundo. El 95% de los encuestados identifica al menos una necesidad de habilidades en sus equipos, mientras que el 59% considera que esas carencias son significativas o críticas. Apenas un 5% afirma que su organización cuenta con todas las capacidades necesarias.
Los resultados muestran que la brecha de talento no se limita a la cantidad de profesionales disponibles. También refleja la necesidad de desarrollar competencias especializadas para responder a los nuevos riesgos tecnológicos.
Cómo está cambiando el perfil del profesional de ciberseguridad
La actualización continua de conocimientos se vuelve tan importante como la experiencia técnica acumulada. Ya no se trata únicamente de comprender conceptos tradicionales de seguridad informática y redes, sino también de desarrollar competencias asociadas a nuevas tecnologías y escenarios de riesgo emergentes.
Los datos de la industria reflejan esta transformación: de acuerdo con el estudio de SANS y GIAC, el 74% de los equipos de ciberseguridad afirma que la inteligencia artificial está modificando el tamaño o la estructura de sus equipos. Además, la proporción de organizaciones que necesita especialistas para cubrir roles de nueva creación pasó del 23% en 2025 al 53% en 2026.
Por su parte, ISC2 identifica a la inteligencia artificial y la seguridad en la nube como las dos principales necesidades de habilidades de los equipos de ciberseguridad. El 41% de los encuestados menciona la IA, mientras que el 36% señala la seguridad cloud. También aparecen entre las prioridades la evaluación de riesgos (29%), la seguridad de aplicaciones (28%) y la ingeniería de seguridad y la gestión de riesgos, cumplimiento y gobierno (27% en cada caso).
Las habilidades que hoy demandan las organizaciones
Inteligencia artificial y seguridad
La rápida incorporación de herramientas basadas en inteligencia artificial y modelos de lenguaje a gran escala (LLMs) plantea nuevas oportunidades defensivas y vectores de exposición que los equipos de seguridad necesitan comprender y gestionar.
La relevancia de estas competencias crece a medida que se identifican nuevas amenazas asociadas a estas tecnologías. Entre ellas se encuentran los ataques de prompt injection, diseñados para manipular las instrucciones de un modelo y provocar comportamientos no deseados, la exposición de información sensible y los riesgos derivados de otorgar demasiados permisos o autonomía a agentes de inteligencia artificial.
El OWASP Top 10 for LLM Applications identifica estos escenarios entre los principales riesgos de seguridad asociados a las aplicaciones basadas en modelos de lenguaje. Entre las amenazas contempladas se encuentran la inyección de instrucciones, el manejo inadecuado de resultados, las vulnerabilidades de la cadena de suministro y la autonomía excesiva de los sistemas.
En el caso de los agentes de inteligencia artificial, que pueden interactuar con aplicaciones, acceder a información y ejecutar acciones de manera autónoma, la necesidad de establecer mecanismos de control y limitar los permisos adquiere especial importancia. En esta línea, el OWASP Top 10 for Agentic Applications también advierte sobre los riesgos específicos que introduce la autonomía de estos sistemas.
Las organizaciones necesitan, por lo tanto, profesionales capaces de evaluar la seguridad de los modelos, identificar vulnerabilidades, proteger los datos utilizados por estos sistemas y establecer controles sobre las acciones automatizadas.
Seguridad en la nube
La migración y consolidación de cargas de trabajo hacia infraestructuras cloud e híbridas mantiene la demanda de perfiles capaces de implementar arquitecturas seguras bajo el modelo de responsabilidad compartida.
Las prioridades de las organizaciones se concentran en especialistas en gestión de identidades y accesos (IAM), protección de datos en reposo y en tránsito, gestión de la postura de seguridad en la nube (CSPM) y prevención de configuraciones incorrectas en entornos multicloud.
De acuerdo con ISC2, la seguridad en la nube es la segunda competencia más demandada por los equipos de ciberseguridad, mencionada por el 36% de los encuestados. Dentro de esta especialidad, el diseño de arquitecturas cloud seguras también aparece como un conocimiento central.
En este sentido, la Cloud Security Technical Reference Architecture de CISA ofrece lineamientos para proteger infraestructuras y servicios en la nube, con recomendaciones relacionadas con la arquitectura, la gestión de accesos y la postura de seguridad de estos entornos.
Respuesta a incidentes y análisis forense
Incluso con controles preventivos sólidos y arquitecturas de confianza cero, ninguna organización está exenta de sufrir un incidente. Por ello, la capacidad operativa de detectar, contener, investigar y mitigar amenazas se mantiene como una competencia indispensable.
Los especialistas en respuesta a incidentes y análisis forense digital resultan determinantes para contener el impacto de amenazas como el ransomware, la exfiltración de información, el robo de credenciales y los accesos iniciales no autorizados.
Su trabajo requiere conocimientos para analizar registros y evidencias digitales, reconstruir la actividad de los atacantes, identificar los vectores de compromiso y coordinar las tareas de contención y recuperación.
El estudio de ISC2 identifica la respuesta a incidentes y el análisis forense digital entre las necesidades de habilidades de los equipos: el 22% de los encuestados señala esta área como una competencia que necesita desarrollar.
En materia de buenas prácticas, el NIST SP 800-61 Rev. 3, publicado en abril de 2025, establece recomendaciones para integrar la respuesta a incidentes en la gestión general del riesgo de ciberseguridad. El documento destaca la importancia de preparar a las organizaciones para detectar, responder y recuperarse de incidentes de manera coordinada.
Ingeniería de seguridad y gestión del riesgo
Otra área central es la ingeniería de seguridad, orientada a diseñar controles automatizados, pipelines seguros (DevSecOps) y arquitecturas resilientes integradas desde la concepción del software y la infraestructura.
Esto implica incorporar prácticas de seguridad durante todo el ciclo de desarrollo, desde la revisión del código y la identificación de vulnerabilidades hasta la protección de los componentes y dependencias utilizados por las aplicaciones.
El Secure Software Development Framework (SSDF) de NIST proporciona recomendaciones para integrar prácticas de desarrollo seguro y reducir la aparición y el impacto de vulnerabilidades en los productos de software.
En paralelo, las organizaciones requieren profesionales capaces de traducir el riesgo técnico a métricas de negocio, evaluar el impacto de las amenazas, cumplir con normativas sectoriales y priorizar la asignación de recursos en función de los riesgos identificados.
La evaluación de riesgos, el gobierno de la seguridad y el cumplimiento normativo adquieren así una relevancia creciente, ya que permiten vincular las decisiones técnicas con los objetivos y las necesidades de cada organización.
La capacitación como respuesta a las nuevas demandas
Uno de los mensajes centrales de las investigaciones recientes es que la ciberseguridad se ha consolidado como un campo donde la formación continua no es optativa.
La aceleración tecnológica obliga a priorizar certificaciones actualizadas, laboratorios prácticos y programas de upskilling que permitan desarrollar nuevas competencias y mantener vigentes los conocimientos técnicos.
Las consecuencias de no invertir en estas capacidades también aparecen reflejadas en los relevamientos del sector: según ISC2, el 88% de los encuestados afirma que su organización experimentó al menos una consecuencia significativa relacionada con la falta de habilidades en sus equipos. Entre los problemas identificados aparecen errores u omisiones en los procedimientos de seguridad, sistemas mal configurados y la necesidad de asignar responsabilidades a personas con experiencia o preparación insuficientes.
La ciberseguridad ofrece un horizonte profesional sólido, pero el perfil requerido evoluciona rápidamente. La inteligencia artificial, la seguridad en la nube, la respuesta a incidentes y la ingeniería de seguridad concentran buena parte de las necesidades de especialización identificadas por las organizaciones.
Para los profesionales del área, el reto ya no es solo acceder al mercado laboral, sino también en mantener una actualización técnica constante que permita responder a la velocidad de transformación del entorno tecnológico.




