Entre el 11 y el 12 de octubre de 2026, atacantes aún no identificados tomaron el control remoto de los sistemas que regulan la temperatura de las heladeras de cientos de supermercados en Francia y las llevaron hasta 50 °C. El 2 de noviembre la escena se repitió en Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Irlanda, Países Bajos, Estonia y Finlandia, y esa misma noche también fueron alteradas cámaras frías del banco de sangre francés.
El motivo de fondo es simple: equipos conectados a Internet, algunos sin actualizar o con la contraseña de fábrica, que nadie vigilaba como parte de la seguridad de la empresa. La pregunta para nuestra región es directa: si en Europa ocurrió, ¿qué tan expuestas están las empresas e infraestructuras de América Latina?
Qué pasó: tres semanas, cuatro episodios
Los incidentes no fueron aislados. El episodio más reciente ocurrió el 2 de noviembre de 2026, cuando el proveedor de refrigeración Coolworld sufrió una intrusión que afectó cámaras frigoríficas utilizadas por el banco de sangre francés. Los atacantes modificaron remotamente parámetros de equipos que operan a unos −30 °C y llegaron a programarlos para alcanzar temperaturas superiores a los 100 °C. La anomalía fue detectada por un técnico de guardia antes de que se produjeran pérdidas de productos sanguíneos.
Ese mismo día se registró una segunda ola de ataques contra supermercados europeos. Cadenas de Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Irlanda, Países Bajos, Estonia y Finlandia reportaron alteraciones en sus sistemas de refrigeración. Entre los afectados se contaron tiendas Delhaize, Carrefour, SuperValu y Coop, cuyos evaporadores fueron forzados a entrar en modo descongelamiento.
Semanas antes, entre el 11 y el 12 de octubre, cientos de supermercados franceses sufrieron un ataque similar. Las estimaciones difundidas por distintos medios sitúan la cantidad de locales afectados entre 350 y 700. Durante la noche, las temperaturas de los equipos de refrigeración aumentaron hasta los 50 °C, provocando la pérdida de alimentos y, en algunos casos, incendios. El hecho es investigado por la Fiscalía de París y por la agencia francesa de ciberseguridad ANSSI.
A estos eventos se sumó una investigación del Departamento de Defensa de Estados Unidos sobre fallas registradas en agosto de 2026 en al menos seis comisariatos militares. Según las pesquisas, varios sistemas de refrigeración pasaron inesperadamente a modo calefacción o descongelamiento, lo que llevó a las autoridades a analizar la posibilidad de un ciberataque
Nadie se adjudicó los ataques ni hubo pedido de rescate. Por eso, especialistas apuntan más a un sabotaje que a un delito con fines económicos.
Por qué funcionó: la heladera también es una computadora
Los atacantes no necesitaron entrar a la oficina ni robar datos: les bastó con llegar al tablero que maneja el frío. Hoy una heladera comercial no es solo un motor y un termostato. Tiene un controlador conectado a Internet para que el técnico ajuste temperaturas y reciba alarmas desde cualquier lugar. Eso es lo que se conoce como Internet de las cosas (IoT): objetos físicos que se manejan por la red.
Un solo acceso remoto mal protegido basta para echar a perder el stock.
Las investigaciones preliminares muestran una combinación de fallas relativamente simples. En muchos casos, nadie supervisaba los equipos durante la madrugada, lo que permitió a los atacantes prolongar los ciclos de descongelamiento sin ser detectados. A esto se sumó la presencia de software desactualizado o sin soporte del fabricante y el uso de credenciales de fábrica que nunca habían sido cambiadas. Ninguna de estas debilidades es nueva, pero juntas resultaron suficientes para comprometer cientos de instalaciones.
En Francia, la agencia de ciberseguridad ANSSI identificó como blanco a controladores del fabricante danés Danfoss, modelos AK-SM800 y AK-SC355. Varios eran equipos viejos sin soporte del fabricante; otros eran nuevos, pero sin actualizar, y muchos usaban la contraseña de fábrica. Según Le Monde, los atacantes alargaron el ciclo de descongelado de una a ocho horas para que las alarmas no saltaran.
El caso del banco de sangre muestra la otra cara: la intrusión entró por un proveedor, y el daño se evitó porque la institución tenía un monitoreo propio, independiente del de ese proveedor.
¿Hay en América Latina tanto IoT como en Europa o Norteamérica?
En volumen, todavía no; en el tipo de equipos que fueron atacados, sí. GSMA Intelligence proyectaba para 2025 unos 1.300 millones de conexiones IoT en la región, cerca del 5% del total mundial (GSMA). Es decir, la densidad de dispositivos por empresa y por tienda sigue siendo menor que en Europa occidental, EE.UU. o Canadá.
Pero la diferencia de escala no protege. Tres razones:
- La misma tecnología. Las grandes cadenas de supermercados, frigoríficos, operadores logísticos y plantas de alimentos de la región compran controladores de los mismos fabricantes globales que se usan en Europa y EE.UU.
- Equipos de mayor antigüedad. En muchas empresas latinoamericanas los equipos se usan más años y se renuevan menos. Justamente, los sistemas viejos y sin soporte fueron la puerta de entrada en Francia.
- Mantenimiento tercerizado. Igual que en Europa, el frío, la climatización, las cámaras o los tableros eléctricos suelen estar a cargo de un proveedor externo con acceso remoto. Ese acceso rara vez entra en el radar del área de seguridad.
Y la brecha se achica: la expansión del 5G en la región, que GSMA estima en el 50% de las conexiones móviles para 2030, abre la puerta a más sensores y equipos conectados en industria, agro y logística (The Standard CIO).
¿Está preparada la región? El problema es la visibilidad
La respuesta corta es: no del todo, y el principal obstáculo es que muchas organizaciones no saben qué tienen conectado ni qué les pasa. Según el ESET Security Report 2026:
- El 52,7% de las organizaciones latinoamericanas detectó intentos de ataque en el último año.
- Un 15,4% no puede confirmar si sufrió un incidente.
- Entre las que no detectaron ataques, un 25,1% admite que pudieron ocurrir sin ser vistos por falta de tecnología.
- La explotación de vulnerabilidades estuvo presente en el 29,2% de los incidentes reportados.
Traducido a la heladera del supermercado: si una empresa no ve sus propias computadoras, menos verá el controlador del frío, la cámara de seguridad o el tablero que administra un tercero.
Por qué el IoT pone en riesgo a empresas, industrias e infraestructuras críticas
Porque el IoT es el punto donde un ataque informático deja de ser un problema de datos y se convierte en un problema físico: comida que se pudre, una planta que se detiene, un medicamento que pierde su cadena de frío. Los motivos:
1. Son muchos y nadie los cuenta. Sensores, cámaras, controladores y tableros suelen instalarse por compras u operaciones, no por TI. Si no están en el inventario, nadie los actualiza ni los vigila.
2. Viven más años que una computadora. Un equipo de frío o un controlador industrial puede trabajar diez o más años, mucho después de que el fabricante deje de publicar parches.
3. Vienen con la llave puesta. Usuarios y contraseñas de fábrica que nadie cambia fueron parte del problema en Países Bajos y en Francia.
4. La puerta la abre un tercero. El proveedor de mantenimiento necesita entrar a distancia; si su acceso es débil, la empresa hereda ese riesgo, como ocurrió con el banco de sangre.
5. El efecto se multiplica. Un solo modelo de controlador se repite en cientos de locales. Una falla se convierte en un ataque masivo en una sola noche.
En infraestructuras críticas (agua, energía, salud, transporte), el impacto escala, ya no hablamos de stock perdido, sino de servicios esenciales interrumpidos.
Qué escenarios pueden esperarse para 2027
Lo ocurrido en Europa probablemente no quede como un hecho aislado. Un escenario posible es que grupos motivados por notoriedad o sabotaje intenten replicar la técnica contra sistemas de refrigeración, climatización o automatización expuestos en Internet en América Latina, especialmente en supermercados, frigoríficos y operadores logísticos.
También podría verse una evolución de los ataques de ransomware. Además de cifrar información, los delincuentes podrían amenazar con alterar temperaturas, detener líneas de producción o afectar procesos industriales para aumentar la presión sobre las víctimas. Sectores como manufactura, alimentos y bebidas o la industria farmacéutica aparecen entre los más expuestos.
Otro riesgo es la cadena de frío sanitaria. Bancos de sangre, centros de vacunación, hospitales y farmacias dependen de equipamiento conectado y, en muchos casos, administrado por terceros. Una intrusión en un proveedor de mantenimiento podría afectar simultáneamente a múltiples organizaciones.
Finalmente, las infraestructuras críticas continúan siendo un objetivo atractivo para grupos con motivaciones políticas o ideológicas. Sistemas de agua, energía y transporte ya forman parte de las preocupaciones de los organismos de ciberseguridad debido a la creciente exposición de equipos operativos a Internet.
Qué pueden hacer las organizaciones hoy
La buena noticia es que las medidas que habrían frenado estos ataques son conocidas y, en su mayoría, no requieren grandes inversiones:
1. Hacer un inventario. Listar qué equipos están conectados, quién los administra y qué proceso depende de cada uno.
2. Sacarlos de la vidriera. Ningún panel de control debería ser accesible directamente desde Internet; el acceso remoto, solo por canales seguros.
3. Cambiar la llave de fábrica. Contraseñas únicas y robustas y, donde se pueda, doble factor de autenticación.
4. Actualizar y planificar el recambio. Aplicar parches y reemplazar los equipos que ya no reciben soporte.
5. Separar redes. Que una intrusión en la red administrativa no llegue a los equipos que controlan procesos físicos.
6. Exigir lo mismo a los proveedores. Revisar cómo se conectan, con qué credenciales y quién audita esos accesos.
7. Tener un "plan B" que no dependa del proveedor. Un monitoreo independiente salvó las reservas del banco de sangre francés.
La lección de Europa es que la ciberseguridad ya no termina en la computadora. Termina en la heladera, la cámara de frío, la bomba de agua y cualquier objeto que se pueda manejar por la red. Las organizaciones de América Latina tienen hoy una ventaja que Europa no tuvo: pueden prepararse antes de que les toque.




