Drones y sistemas automatizados: ¿beneficio o riesgo?

En la actualidad, los drones o vehículos no tripulados se han vuelto muy populares, no solo por el uso militar de los mismos, sino también por su uso comercial y recreativo. Estos equipos pueden ser comprados online o creados con componentes relativamente económicos gracias al sinfín de tutoriales en línea que explican cómo construirlos. Pero su uso genera preguntas: ¿son estos dispositivos son verdaderamente seguros? ¿Cumplen con los requisitos de seguridad mínima para poder circular, al igual que el resto de los vehículos tripulados? En esta publicación trataremos de responderlas describiendo casos puntuales y evaluando las potenciales falencias de seguridad y control de estos dispositivos.

Es importante destacar que muchos de los sistemas de navegación automatizada que utilizan se han ido integrando en vehículos de mayor tamaño, como son el piloto automático de los navíos.

El pasado 6 de abril a las 9 horas (GMT +10), en una ciudad de Australia llamada Geraldton, un drone (o hexacóptero, para ser más precisos) perdió el control mientras filmaba un triatlón y se precipitó al suelo, golpeando a la atleta Raija Ogden en la cabeza y generándole una laceración que precisó de 3 puntadas para ser sanada. El controlador del dispositivo, un empleado de un medio periodístico local, alegó que perdió el control ya que “alguien” intervino la señal tomando así momentáneamente el control del dispositivo y generando que se desplomara. El supuesto “hackeo” del dispositivo, si bien no es algo que haya sido verificado aún, permite reflexionar sobre la seguridad de la comunicación inalámbrica de estos dispositivos y la falta de regulación aérea para estas nuevas tecnologías. Los especialistas aseguran que dicha intervención no es posible ya que en caso que fuera cierta, el drone hubiera entrado en un modo llamado “fail safe” y regresado a las coordenadas que conoce como su “hogar”.

Pero estas hipótesis nos permiten contemplar otro caso, en el cual un equipo de investigación de la Universidad de Texas en Austin logró forzar a un yate de 65 metros y 80 millones de dólares a cambiar su curso, por medio de la utilización de un dispositivo GPS casero. Los estudiantes, ubicados dentro de la embarcación, lograron emitir una señal GPS simulando ser los satélites de posicionamiento global con una intensidad tal que lograron superar la señal original. De esta manera, simplemente ingresando información falsa sobre la ubicación del yate, por ejemplo que el mismo se había desviado a la izquierda, lograban que el sistema de navegación automática alertara sobre tal desvío a la tripulación y que esta “corrigiera” el curso doblando hacia la derecha, cuando en realidad la embaración no se había desviado; fue así como lograron maniobrar la embarcación sin que la tripulación ni el sistema de navegación se percataran. A continuación se puede observar un video explicativo del ataque:

Lo curioso de esta prueba de concepto es que el sistema de navegación en ningún momento alertó de esta intrusión, agravando la peligrosidad de este potencial ataque.

Un caso similar pero más grave se registró el 4 de diciembre de 2011, cuando un UAV (Unmanned Aerial Vehicle – Vehículo Aéreo no Tripulado) perteneciente a los Estados Unidos fue capturado por medio de un ataque realizado por el Ejército Cibernético de Irán, por estar volando en su espacio aéreo. Aparentemente, el ataque consistió en emitir señales de bloqueo para que el drone entrara en modo automático o “fail-safe” y regresara a la base, pero luego, utilizando un ataque similar al caso anterior, emitieron señales para indicarle que su base se encontraba en un lugar distinto al original, logrando así aterrizarlo es su territorio para poder apropiarse del mismo. De esta manera, el gobierno iraní logró obtener un RQ-170, un drone del tipo furtivo o indetectable por los radares.

Todo esto nos demuestra que, efectivamente, queda mucho por hacer para que estos equipos no tripulados o automáticos puedan considerarse realmente seguros. Pero no se debe dejar de lado que, por el momento, no existe ninguna regulación para estos dispositivos de uso no comercial o de recreación sobre áreas urbanas o pobladas, lo que evidentemente es necesario si tenemos en cuenta el primer caso mencionado.

Si bien existe un gran potencial en el uso de este tipo de equipos, ya sea a modo de reconocimiento en áreas afectadas por accidentes o derrumbes o para llevar suministros a víctimas de catástrofes naturales, entre otros, es importante que se contemplen todos los riesgos que puede implicar el acceso ilícito a los mismos o una falla de funcionamiento antes de ser utilizados.

Créditos imagen: ©Jrfreeland/Wikimedia Commons

Autor Joaquín Rodríguez Varela, ESET

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09 abr 2014


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